Momento de silenciamiento, Parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

 

Itzel: El eco de mi amor en el silencio

«Hija mía, Itzel Guadalupe, desde que estabas en el vientre de tu madre te conocía y te amaba. Muchos piensan que el silencio es vacío, pero Yo sé que en tu silencio habita la melodía más pura.Hace diez años, cuando apenas eras una pequeña de ocho, en Río Bravo, Tamaulipas; te tomé de la mano y te llevé a la Catequesis Especial Vicentina. No llegaste como una extraña, sino como mi Amiga Especial. Allí, mientras abrías tu corazón a mis Sacramentos, permitiste que mi luz te inundara.

Vi cómo tus ojos brillaban al sentir el amor de tus catequistas; en ese amor, eras tú quien me encontraba a Mí. Por eso, cuando llegó el momento, me acerqué a tu oído espiritual y te invité a una misión sagrada: ‘Itzel, ven y sé tú ahora quien guíe a mis pequeños con discapacidad. Sé mi voz a través de tus manos y mi sonrisa a través de tu rostro’.  Y tu respuesta, tan dulce y valiente, fue un ‘Sí’ que resonó en todo el Cielo.

Hoy, a tus 18 años, llevas ya dos años siendo mi instrumento como catequista, no necesitas palabras para enseñar quién soy, porque tu vida misma es el Evangelio más hermoso. Gracias, hija, por mostrarle a otros niños que no hay barreras para mi Espíritu y por ser el testimonio vivo de que mi amor se comunica de corazón a corazón.Sigue adelante, mi valiente Itzel. Tus manos hablan de mi Reino y tu vida es mi mayor alegría.» 

Atentamente.   Jesús de Nazareth

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